EVITA LA DEUDA DE OXÍGENO

 “Yo no tenía mucho fondo” me comenta un exjugador de baloncesto, y se explica “al poco de salir a la cancha me quedaba sin fondo y tenía que ir un unos minutos al ralentí hasta recuperarme y volver a sentirme fuerte”. Es un claro ejemplo de deuda de óxigeno.

Cuando empezamos un ejercicio, a practicar un deporte o una carrera, los procesos que sigue el organismo son los siguientes. Se producen las contracciones musculares, eso hace que demanden más óxigeno, entonces el corazón se acelera, los canales respiratorios se abren, el sistema arterial se dilata y se lleva más sangre oxigenada a la zona.

Si empezamos con un ritmo fuerte, la demanda de oxígeno inmediata es muy alta nada más empezar, sin embargo los ajustes circulatorios y respiratorios requieren algo más de tiempo, así que el músculo se ha quedado sin oxigeno desde el minuto 1 y vamos arrastrando esa deuda de oxígeno durante varíos minutos. A los pocos minutos el sistema cadiorespiratorio alcanza los niveles necesarios para repartir ese oxígeno, pero sigue sin ser suficiente, puesto que no sólo ha de subministrar el oxígeno que se consume en el momento actual, sino que ha de sebretrabajar para compensar la deuda generada.

Mi amigo sufría una pájara de 4-5 minutos nada empezar y se sentía profundamente ahogado porque su corazón debía ir mucho más acelerado de lo necesario.

Así, la solución para mi amigo era muy fácil, sencillamente necesitaba un calentamiento más progresivo, de manera que el aumento de oxígeno consumido por sus músculos fuera al mismo ritmo de lo que tarda el sistema cardiorespiratorio en adaptarse.

Si te vas a someter a un ejercicio intenso, ya sabes, evita la deuda de oxígeno, calentando poco a poco, empezarás con ventaja desde el principio.